14 jul. 2010

Cosas que pesan

Deja que el agua se lleve todo. Que se lleve eso que pesa tanto.

¿Qué es más pesado que el pasado?

Es tiempo de dejar que las cosas se vayan. Tiempo de viajar ligeros.

Mientras tanto...

Quizás lo que necesito es mirar al norte, y no ver como los patos, al sur.
Esos patos, van al revés. Patos confundidos, patos alrevesados (enrevesados, según la rae) Ya habíamos quedado que yo no era un pato, y que como humano, no podía volar al sur, que no me gustaba eso de oficinear, que la herramienta no hace al diseñador y que yo no era una artista tampoco, ni una experta en el pincel, ni en las acuarelas, y entonces pensé que lo que hago, lo puede hacer cualquiera y me preguntaba yo todos los días ¿qué carajos hago aquí? Y aquí es donde me perdí. Y volteaba y veía a mis amigos desvalagados, los consejos no servían de nada, eran palabras perdidas... volátiles, volaban ligeras, y se iban. Y llegué a mi casa y nada más había un perrito que me veía bonito y movía su colita porque le daba de comer... fué entonces cuando le pagué a una señora $300 la hora para que lo resolviera todo (no hubo que matar a nadie). Eso no funcionó. A cambio recibí diazepam, aromaterapia, chochos, gotitas y un psicoanálisis completo mis ilustraciones que me dijo más de lo que yo quería saber. Se me quitaron las ganas de pintar, y eso era algo que me gustaba mucho. Esa pinche señora. Además carísima. Entonces, ya todo parecía que estaba más revuelto y yo seguía diciéndome ¿qué carajos hago aquí? Y aquí fué donde mandé todo al carajo. ¿Qué esta crisis no va en la adolescencia? ¿O es la de los 30 que se adelantó? ¿O qué putas es? Dejé el diazepam, deje a las terapeutas (sí, las, plural) y decidí que iba a pasar lo que tuviera que pasar, y yo solo esperé. Me contenté con la maquina. Esa maquina sorda. Decidí que no quería estar más en el lugar que el tiempo eligiera para mí. Solo era cuestión de esperar. Ser paciente. Como en la acuarela, nada de secadores de pelo. Nada de alejarme. La lluvia en mi cabeza no me asustará. Y tú, tú, tú tú, tú... Tú, no sé. Todavía me falta entender esa parte. Entonces, aquí es donde voy. Después de todo, o de nada, como usted querido lector lo decida. Viendo el mapa, otra vez. Y segurísima de que no soy un pato. :)

5 jul. 2010

Sabe a sal.

Yo creo que vine a aprender, más que a aprender, a equivocarme. Las veces que sean necesarias, hay más tiempo que vida, dicen. Y hoy me siento como con esa seguridad de antes, un poco nada más.
He perdido muchas cosas en muy poco tiempo. Siempre esta bien asegurarse de ganar.
Mientras, los días pasan y esas dudas se dispersan por ahí. Mi ciudad ya no me gusta. Mi país tampoco. Mi trabajo cada vez menos. Mis ganas de aprender se van con el tiempo. ¿Me estoy haciendo vieja? Mi papá dice que sí. Quisiera tener esa capacidad de ser volátil que a algunas personas se les facilita. Irme de aquí. No sé viajar ligero. Estás lluvias me disuelven. Como sal.